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Trabajo, ocio y budismo

“Existe un consenso universal sobre que el trabajo humano es una fuente de riqueza de primer orden. Ahora bien, al economista moderno se le ha educado en la consideración de que el esfuerzo o el trabajo son poco menos que un mal necesario. Desde el punto de vista del empresario es, en todo caso, simplemente un gasto que ha de reducirse al mínimo, si no puede ser eliminado totalmente, por ejemplo mediante la automatización. Desde el punto de vista del trabajador, es una «desutilidad»: trabajar es sacrificar el ocio y la comodidad de uno, y el sueldo es una especie de compensación por el sacrificio. De aquí que el ideal desde el punto de vista del empresario sea obtener una producción sin necesidad de empleados, y que para el empleado el ideal sea obtener ingresos sin necesidad de un empleo. (…)

El punto de vista budista estima que la función del trabajo tiene al menos tres cometidos: dar al hombre una oportunidad para utilizar y desarrollar sus facultades; ayudarle a superar su egocentrismo al reunirlo con otras personas para una tarea común; y producir los bienes y servicios necesarios para una existencia digna.

De nuevo las consecuencias que dimanan de esta visión no tienen fin. Organizar el trabajo de tal manera que se torne sin sentido, aburrido, idiotizante y estresante para el trabajador sería poco menos que criminal; indicaría una preocupación mayor por los bienes que por las personas, una horrible falta de compasión y un cierto grado de inclinación al lado más primitivo de esta existencia que destruye el alma. Igualmente, afanarse en el ocio como una alternativa al trabajo se consideraría una absoluta malinterpretación de una de las verdades básicas de la existencia humana, a saber que trabajo y ocio son partes complementarias del mismo proceso vital y no pueden separarse sin destruir el placer del trabajo y la felicidad del ocio.”

(Fritz Schumacher, Lo pequeño es hermoso)
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Sin recursos

“Sin recursos, incluso los gloriosos, comprometidos, motivados y altamente eficientes Espartanos fueron masacrados.”
(Wayne Turmel sobre la admirada derrota de Esparta en la batalla de las Termópilas, recientemente recreada en la película «300» dirigida por Zack Snyder y basada en el cómic de Frank Miller)
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Nuevos negocios, nuevas organizaciones

“…ésta es una compañía distinta. Marissa Mayer, la vicepresidenta, lo explica dibujando un triángulo. Cuenta que la organización de la mayor parte de las empresas modernas procede del mundo industrial, de las líneas de ensamblaje, donde alguien siempre supervisaba el trabajo de otro. Es una organización piramidal, donde cada empleado realiza un trabajo individual que es supervisado por otro trabajador, que a su vez es supervisado por un gerente y así hasta llegar al presidente. Google, asegura, funciona más bien como una red, donde los equipos, las responsabilidades y los papeles de cada trabajador fluyen y cambian sin parar. La jerarquía aquí es completamente plana, asegura Hugo Fierro, un ingeniero español de 24 años que trabaja en la sede de la compañía en Nueva York. “Tienes acceso a todo el mundo, incluidos los fundadores”.

La forma en la que Google intenta fluir se llama regla del 70-20-10. Ésta es la manera en la que los empleados distribuyen su tiempo de trabajo. El 70% deben dedicarlo al negocio principal, es decir, las búsquedas, Google aún debe el 99% de sus ventas a los anuncios insertados en su buscador. Es lo que Marissa Mayer llama el problema del donut: el agujero que hay en medio del bollo es el que determina que el donut sea lo que es. El agujero, en el caso de Google, es el buscador.

En la búsqueda de los nuevos productos revolucionarios con los que Google alimenta continuamente el mercado, los ingenieros pueden dedicar el 20% de su tiempo. Investigan servicios no directamente relacionados con el buscador. Así surgió, por ejemplo, Google News, que localiza noticias entre medios de comunicación del mundo, o Gmail, el correo electrónico. El 10% restante del tiempo puede usarse en desarrollar cualquier idea, por muy extraña, extravagante o absurda que parezca. Como, por ejemplo, construir el esqueleto de un Tiranosaurius rex en uno de los jardines del campus.”

(Patricia Fernández de Lis, Planeta Google, EL PAIS SEMANAL 21-01-2007)
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