Costumbres curiosas

“Una de las cosas que a Ford Perfect le había costado más trabajo entender de los humanos era su costumbre de repetir y manifestar lo que era a todas luces muy evidente; como Hace un buen día, Es usted muy alto o ¡Válgame Dios!, parece que te has caído a un pozo de diez metros de profundidad, ¿estás bien? Al principio, Ford elaboró una teoría para explicarse esa costumbre extraña. Si los seres humanos no dejan de hacer ejercicio con los labios, pensó, es probable que la boca se les quede agarrotada. Tras unos meses de meditación y observación, rechazó aquella teoría a favor de una nueva. Si no continúan haciendo ejercicio con los labios, pensó, su cerebro empieza a funcionar. Al cabo del tiempo la abandonó, considerando que era embarazosamente cínica, y decidión que después de todo le gustaban mucho los seres humanos, pero siempre le preocupó extremadamente la tremenda cantidad de cosas que desconocían.”
(Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico)

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Un largo año

“Se dice que un rey medio loco había condenado a muerte a Nasruddín por haber robado un burro. Cuando le van a llevar al suplicio, Nasruddín exclama:«¡Este animal es en realidad mi hermano , un mago le dio esta apariencia, pero si me lo confiaran durante un año le enseñaría a hablar como vos y yo!» Intrigado, el monarca hizo repetir su promesa al acusado antes de decretar:«¡Muy bien! Pero si dentro de un año, ni un día más, ni un día menos, el burro no habla, serás ejecutado.» A la salida Nasruddín es interpelado por su mujer:«¿Cómo puedes prometer semejante cosa? Sabes muy bien que este burro no hablará.» «Por supuesto que lo sé», responde Nasruddín, «pero de aquí a un año el rey puede morir, el burro puede morir o bien puedo morirme yo.»” (Amin Maalouf, Samarcanda)

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